Tercera Estación

Jesús cae por la primera vez

Tercera Estación : Jesús cae por la primera vez

Ha llegado la hora de que sea glorificado el hijo del hombre. « En verdad, en verdad, os digo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde y el que odia su vida en este mundo la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, libérame de esta hora!, Pero es para esto que he llegado a esta hora ¡Padre glorifica tu nombre! » (Juan 12, 23-28)

MEDITACIÓN

Jesús ha sufrido la horrible flagelación romana, en la que muchos morían. No ha dormido en esta noche de ultrajes y de interrogatorios. La corona de espinas le ha desgarrado la cabeza y el corazón. Cómo medir el dolor agudo que le atraviesa el alma. La ingratitud nos pone enfermos. Jesús no lleva sólo la tristeza de la traición de Judas, la tristeza de ver a su pueblo condenar al Mesías que esperaba, lleva el peso de los pecados del mundo entero, de todos los hombres, desde Adán hasta el último. ¡Carga desmedida! Más allá de nuestras fuerzas, hay todavía lugar para la humillación. Las fuerzas físicas bloqueadas, que no obedecen más nuestra voluntad, son despertadas por el aguijón de los golpes. Que esperar de los soldados que lo han golpeado, lo han escupido unas horas antes. Esta humillación redime nuestras culpas, esas de nuestra voluntad deliberada, esas que vienen de las profundidades desordenadas por el antiguo pecado. Bajo el lagar de la prueba, es la totalidad de nuestra naturaleza humana que es alcanzada así. Por este inmenso sufrimiento, Jesús rescata y vivifica nuestras venas más ocultas.

ORACIÓN

Padre nuestro
que estás en los cielos,
ven en auxilio de tu hijo extenuado;
da hoy la luz a los que no creen,
el perdón a los pecadores,
el pan a los hambrientos para que se levanten
de su desaliento.

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